Hace un par de semanas nos asaltaba desde los Estados Unidos una noticia traída por los medios de comunicación: se había descubierto la madriguera de lo que podría ser un cefalópodo gigante de más de 30 metros de longitud, del doble de tamaño que los más grandes conocidos actualmente.
Los cefalópodos no tienen partes óseas y, por lo tanto, no se conservan en el registro fósil nada más que, si acaso, sus impresiones y la boca.
El yacimiento en el Berlin-Ichthyosaur State Park en Nevada (EEUU), ha sido siempre un yacimiento cuanto menos que desconcertante para los paleontólogos. Aquí se encuentran restos de nueve ejemplares de 14 metros de longitud de ictiosaurios, de la especie Shonisaurus popularis de edad Triásica. Pero, ¿qué es lo desconcertante en éste yacimiento? Pues lo es la extraña configuración de los huesos. Estos no fueron depositados allí al mismo tiempo, es decir los animales no murieron a la vez y, además, presentan una reconfiguración y ordenación posteriores. Algunos discos vertebrales se encuentran alineados formando patrones de dobles filas.
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